Más del 20% de la comida producida se desperdicia

La FAO ha publicado una infografía en la que representa cómo aprovechamos la comida. La quinta parte de la comida que se produce en el mundo acaba siendo desechada, lo que equivale a 75 millones de vacas. Es decir, que mejorando la distribución reduciríamos el hambre en el mundo.

Os mostramos la infografía aquí, explicada.

Los tipos de alimentos analizados han sido cereales, lácteos, pescado y marisco, frutas y vegetales, carne, legumbres y tubérculos.

20 % carne se pierde20 % lácteos se pierden

Carne y lácteos obtienen pérdidas del 20% de la producción. Lo que implican 263 millones de toneladas de carne desechadas en el mundo. Las legumbres es el tercer grupo de alimentos que alcanza una tasa del 20 % de desechos.

30 % cereales se pierden30 % pescado se pierde

 

 

 

 

 

Las ratios para pescados, mariscos y cereales también son alarmistas. La tercera parte de la pesca y cultivos mundiales no llegan a ser utilizados. Supone un reto vital en los países industrializados, que desperdician cada año cerca de 300 millones de toneladas al año.

45 % tuberculos se pierden

45 % frutas se pierden

Las tasas más dramáticas son alcanzadas por los tubérculos, las frutas y los vegatales, de las cuáles aprovechamos un poco más de la mitad de las existencias.  En este caso, hablamos de millones de toneladas.

¿Qué hacemos con esta situación? Existen dos vías principales que responden a intereses muy distintos. Por una parte, la evidente y más importante. No es justo ni humano que exista tanta hambre en el mundo cuando en el llamado Primer Mundo se desaprovecha tanta comida a espuertas. La FAO en su informe señala especialmente a los países industrializados como responsables de este derroche. Y en juego hay una cuestión tan básica como la supervivencia del ser humano en muchas zonas del planeta. No se puede esquivar, hay que actuar frente a esta situación para mejorar la distribución y que los alimentos que no necesitemos lleguen a las bocas que los necesitan. Menos derroche, menos hambre.

La segunda cuestión es qué hacer con los desechos que inevitablemente se acaben produciendo. Hay necesidades en el ser humano más allá del hambre y que también son básicas: no pasar frío es una de ellas. En este sentido, podrían considerarse los alimentos que no pueden destinarse a alimentación como biomasa.

cereals_en

La idea no es volver a establecer competencias entre cultivos energéticos y cultivos alimentarios, sino de darle un provecho a producto que ha fracasado en su misión (alimentar a las personas) y que no pueden aprovecharse para nada más.

En algunas circunstancias, esta competencia ha aumentado el precio de los alimentos, como sucedió con el maíz o la colza en Brasil, años atrás. Resultado: más hambre y más campesinos deplazados de su propio modo de vida. La biomasa debe considerarse como un producto que recicle materia inservible, y no vampirizar el sector.

Volviendo al punto de origen, el hambre y cuán ineficiente es nuestro mercado de alimentos, queda un resumen sobre el que reflexionar.

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