La crisis no frena a Portugal: podio en la lucha contra el cambio climático

¿Realidad o discurso? Portugal ha hecho tambalear el argumento principal de las políticas que no apuestan por las energías limpias, ni por luchar intensamente contra el cambio climático, situándose como tercer país con mejores políticas medioambientales.

La calificación corresponde al índice Climate Change Performance, bien conocido por el rigor en sus evaluaciones. La elaboración corresponde a Red Europea de Acción Climática, que aúna varias ONGs y evaluó a 58 países. Los primeros puestos del mundo los ocupan dos países europeos, Dinamarca y Suecia. Debe ser una motivación comprobar que se pueden hacer buenas políticas medioambientales dentro de cualquier coyuntura económica. Favorable en el caso de los países nórdicos y empobrecida por la troika en el caso portugués.

De hecho, Francisco Ferreira, dirigente da la organización ecolocista Quercus, explicaba a EFE los motivos de la “reducción [en el consumo] de los combustibles fósiles”. Una, la crisis, que ha llevado a que los portugueses eviten el consumo de fuel en la medida de lo posible, acudiendo al transporte público o empleando vehículos de menor consumo. Otra, la política energética portuguesa, firme impulsora de las energías renovables.

En un tiempo no muy lejano y una galaxia no muy lejana, España también era contemplada con envidia en el ámbito de las energías renovables. La apuesta por la energía hidroeléctrica y el impulso en las energías eólica y solar estaban logrando que el país celtíbero redujera su dependencia energética de los combustibles fósiles. La crisis, dicen, lo desmanteló todo. Y muchas voces no se preguntan ya, si acaso, la crisis no es precisamente ese desmantelamiento.

Más, mirando a Portugal, que también está poniendo en práctica la receta recesionista del FMI, verdadero gestor de los círculos de la pobreza en el mundo.

Y es que Portugal se dió cuenta que una reducción de la dependencia energética aumentaba su soberanía económica. Como meta, se exigen alcanzar el 60% de produción energética con fuentes renovables para 2020, muy por encima de las exigencias europeas dentro del PER 2020. Otros países de la zona euro lloran por las “dificultades” de implantarlo, lo que posiblemente no sea más que otra más de las presiones del sector de las energías sucias.

No están muy lejos de lograr este objetivo. Al contrario, se podría reprochar a Portugal que estuviera durmiéndose en los laureles, teniendo en cuenta que en septiembre de este 2013 las renovables contribuyeron con el 59% del consumo total de electricidad. Esto implica obtener muchas inversiones extranjeras y atrapar otras nacionales.

Cómo se repartió el consumo de renovables es otra de las maravillas con las que llenar nuestras bocas -nosotros, los defensores de estas energías limpias. La eólica aportó el 22,2 % del consumo total de electricidad; la biomasa, un 5,3 %; la hídrica, el 2,8 % y a la cola, la solar y termosolar, contribuyeron con un 0,98%. Escaso, para las posibilidades que se le suponen a esta tecnología.

Igualmente, se puede comprobar la falla entre la producción (59 %) y el consumo (31,28 %), lo que indica que el 28 % fue energía exportada. Es decir, que dentro de la energía, Portugal pasa de ser importador puro a obtener ganancias en la exportación.

Y aquí empeñados en sancionar al sol y subestimando el potencial de la biomasa. Hay que joderse, con perdón.

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