¿Dónde está la revolución solar?

Black Solar es una empresa norteamericana que desarrolla tecnología solar y ha lanzado una campaña de crowdfunding para atraer inversores a su negocio. El gancho: paneles solares que duplican la producción de electricidad a la mitad de coste.

La noticia del hallazgo que iba a romper los esquemas en el ámbito de la energía solar llegó en 2011, pero es ahora cuando publican la campaña para recoger inversores.

Los Ángeles Times se hizo entonces eco de la innovación, alcanzada gracias al liderazgo del profesor Xiaoyang Zhu y su equipo. En concreto, su placa solar estaba basada en un plástico orgánico semiconductor que era capaz de impulsar los electrones cosechados por el sol con una eficiencia inaudita.

Lo extraño del caso es que ahora, para captar inversores, Black Solar asegura disponer en su equipo de todo un premio Nobel, sin especificar de quién se trata.

No tan sorprendente y con verificaciones más rigurosas se ha lanzado a tomar la bandera de la revolución solar Natcore Technologies. La empresa, también norteamericana, lleva años en el mercado de la energía y con una digna participación en el Nasdaq.

Un estudio independiente de la compañía ha concluido recientemente que la compañía está preparada para reducir los costos de producción de las células solares de silicio en un 23,5%, como tope.

Explican, además, que el ahorro de costes se basa en cuestiones de gestión industrial y en la forma de conseguir las obleas de silicio negro. El resultado es un revestimiento antirreflectante basado en el nitruro de silicio que proporcionarían ahorros de 3 a 4 centavos de dólar por vatio conseguido, lo que no es en absoluto desdeñable.

Éstos no son los únicos avances en el ámbito de la tecnología solar fotovoltaica. En absoluto. Uno de los últimos artículos de Shyam Mehta, eminencia en el campo de la investigación solar, analiza el caso de China con cierto asombro. En el mismo asegura que el gigante asiático podría reducir el precio de la energía solar a tan solo 1 centavo de dolar por vatio.

Sin embargo, no hace falta irse muy lejos para encontrar avances asombrosos. Este pasado mes de septiembre ingenieros de la Universidad de Jaén lograron desarrollar placas solares que triplicaban la eficiencia de las actuales células solares, consiguiendo la conversión del 45% de la energía recibida por la placa. Y, como el proyecto de Xiaoyang Zhu, prescinden del silicio -que es bastante caro- para construir el sistema.

Son avances muy atractivos, algunos más creíbles que otros, y hay mercado suficiente para que éstos y otros muestren su valía. Sin embargo, hay un denominador común que explica que aún no veamos esta tecnología en el campo: la falta de inversión.

Parece que quien domine las fuentes financieras y la distribución cosechará los grandes beneficios. O bien, quien se acerque a los Gobiernos interesados en impulsarla.

No es de extrañar las muestras de pánico desde las viejas eléctricas. El tsunami no se ve en el horizonte pero ya pueden oír su zumbido. La revolución que acabe con la dependencia energética del petróleo está deslocalizada. Ellos se preguntan más bien cuándo.

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