Alemania le costará a Europa 280 mil millones de euros

Berlín se ha ganado el respaldo de los ministros de la UE para echar atrás la ley que limita la emisión de gases contaminantes de los vehículos europeos. El cambio de postura ha provocado las críticas de Connie Hedegaard, comisaria de Medio Ambiente. La decisión provoca el cargo de 280 mil millones de euros a Europa sobre su economía, en 4 años.

El pasado mes de junio el panorama era prometedor en la Unión Europea. Acababan de aprobar una ley que pretendía reducir la emisión de CO2 al ambiente, así como otros gases que provocan efecto invernadero. En términos de lucha contra el cambio climático, se consideraba un acuerdo de gran importancia. Sin embargo, la decisión disgustó al sector industrial alemán, que no dejó de presionar a su gobierno para que bloqueara la ley. Su argumento: que se perderían puestos de trabajo si se sacaba adelante.

Cuando se habla de lucha contra el cambio climático hay que observar todas las aristas. Y éstas indican que el CO2 está relacionado con un aumento del riesgo de padecer cáncer. Estamos hablando de salud y vidas humanas. Si aún así se quiere bajar a la arena de las cifras, también estamos hablando de altos costes públicos y privados en tratamientos médicos, bajas laborales, pensiones y equipamiento.

Al respecto, Connie Hedegaard confesó a la prensa que la decisión tumbaba un acuerdo que había llevado cinco años de debate y negociaciones. Su decepción era palpable al calificar la decisión de “inaceptable”. También aseguró que “Europa será menos competitiva”.

Aportó otro dato relevante. A través de Cambridge Econometrics, una consultora con sede británica, se estudió cuánto se ahorraría Europa con las importaciones de petróleo si la limitación en las emisiones descendía a 95 gramos por km en 2020. Las conclusiones apuntaban a un ahorro de 70 mil millones de euros al año. Es decir, 280.000 millones de euros hasta 2024, que es cuando Alemania pretende aplazar la ley. Al país germano le corresponderían 9 mil millones anuales en facturas de combustibles.

¿Cuando se esgrimen argumentos puramente económicos, se ha hecho esta balanza?

Para Alemania y los ministros de medio ambiente que apoyan el bloqueo de la ley, la cuestión se mide bajo un concepto: el equilibrio. A pesar de los objetivos de Europa para reducir las emisiones de CO2, estos representantes han considerado que la protección de puestos de trabajo en un sector específico se sobrepone al interés general. El segundo efecto negativo recae sobre los clientes “premium”, que también considerarían que saldrían perjudicados. Éstos pagan por un aumento de potencia en el coche y, por tanto, en emisiones. Su intención, aplazar la entrada de vigencia de este límite a 2024.

¿Pero realmente este argumento es válido? ¿Hasta qué punto es legítimo amenazar con despidos masivos tan sólo porque los beneficios se puedan ver reducidos, que no neutralizados?

Lo que se ve detrás de este movimiento es el poder de influencia de la industria automovilística alemana, que es la que ha protestado porque no confiaba en cumplir con el límite de 95 gramos por kilómetro que impuso Europa el pasado mes de junio.

El desenlace de este cambio de posturas se espera en las próximas semanas. Un plazo breve que indica que las ideas están más que maduras y que la posición es firme.

En resumen, política intervencionista a cargo de un gobierno que defiende tesis liberales a costa del interés general y, como resultado, una Europa más débil en el mundo.

 

Foto: François Karm

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