La contaminación producida por el diésel debilita a las abejas, según nuevo estudio

Los efectos del cambio climático están siendo estudiados con lupa y cada vez más concretados por los estudios científicos. El último, llevado a cabo por la Universidad de Southampton y publicado en la revista Scientific Reporter, indica que las abejas ven menguadas sus capacidades sensoriales por efecto de la contaminación causada por el diésel.

Esta tara impide que las abejas se alimenten de manera adecuada y, por tanto, queden debilitadas. Estudios anteriores ya habían relacionado la debilidad inmunológica de las abejas con su indefensión respecto a enfermedades, bacterias y plagas que aniquilan sus panales.

Sin embargo, es difícil señalar al diésel como única causa, o la principal de ellas. Es pronto para hacer aseveraciones de ese tipo.

Lo que sí que ha sido comprobado es cómo los contaminantes del aire suponen una barrera para que las abejas reconozcan los aromas de las flores y, por tanto, dificulten su búsqueda de alimento.

El destino de las abejas concierne muy notablemente al ser humano. Primero, por cuestiones ambientales. Pero si la sensibilidad no es suficiente, hay que recordar la cantidad de alimentos básicos que pueden ser producidos en masa gracias a la acción de las abejas. Su desaparición pone en riesgo la seguridad alimentaria en muchas zonas y el encarecimiento de productos básicos de nuestra cesta de la compra. En otras palabras, de manera indirecta, y por un efecto en cadena, el diésel acaba produciendo empobrecimiento. ¿Y quizás hambruna? Es difícil medir el grado de responsabilidad del diésel con los datos existentes.

Lo que sí que hay que dejar claro es que éste es otro motivo para apostar por las energías renovables. Ya no es posible entrar en una batalla de precios en el consumo, también hay que considerar los costes indirectos que afectan no sólo al carro de la compra, sino a sectores enteros. La producción y distribución de alimentos puede ver resentida la calidad y disponibilidad de materia suficiente y de ello también depende un buen número de familias. El problema tiene, además, una escala global.

Si se quiere evitar encarecimiento de la comida y crisis en sectores agrarios, lo que afecta a muchas economías nacionales, hay que apostar por tecnologías que sean responsables con el medio ambiente. Los beneficios cada vez son mayores y más notorios: asegurar la disponibilidad alimentaria, mantener el precio de los alimentos bajo, obtener biodiversidad, reducir la dependencia económica, combatir el cambio climático, reducir la factura eléctrica doméstica y empresarial, mejorar la salud de las personas, reducir el gasto en sanidad, apostar por el desarrollo rural y local…

¿En qué hay que estar pensando para poner frenos a una tecnología que supera en tantos aspectos a otra que está ya desfasada?

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