Estudio señala que la producción de biocombustibles favorece la producción de alimentos.

Se acaba de publicar un estudio que indica que la apuesta por los cultivos energéticos en todo el mundo ha aumentado la superficie de tierra disponible para alimentos.

El estudio acaba de ser publicado, pese a que los datos se recogieron entre los años 2000 y 2010, analizando áreas de todo el mundo. La principal conclusión empuja a una revisión del actual modelo de causa-efecto entre la producción de biocombustibles y la disponibilidad de alimentos. Según el estudio hay evidencias suficientes que establecen una correlación entre la producción de biomasa para energía y el aumento de cultivos múltiples.

Lo que no considera el estudio es el cambio de orientación política que sobrevino en el mundo después del famoso informe de la FAO, que denunciaba que la producción de biocombustibles estaba afectando gravemente a la disponibilidad de agua y alimentos en todo el mundo. Aquel informe caló hondo en las conciencias políticas y hubo un cambio en la gestión y elección de especies a emplear.

Este estudio, sin embargo, podría ser útil para medir el éxito de ese cambio de políticas a nivel público y privado. No tanto para emitir un juicio de bondad o maldad sobre los biocombustibles. La acción del hombre, sus criterios y las consecuencias, deberían estar detrás de toda conclusión.

Tema aparte, hay varios puntos interesantes en el estudio que sí pueden afectar a la manera que tenemos de ver los biocombustibles. Hans Langeveld et al. encontraron pruebas que desvinculaban la expansión de los biocombustibles con la cantidad de cosechas. Posiblemente porque para los primeros estaban utilizando tierras no aptas para cultivo, abandonadas o infértiles. No tiene por qué sorprender este extremo. Especies como la nicotiana glauca están más que preparadas para crecer en tierras baldías y posteriormente ser aprovechadas como biomasa.

El análisis de varias regiones del mundo arrojó otra conclusión. “El uso del suelo se incrementó en 25 millones de hectáreas, de los cuáles, 11 millones de hectáreas estaban ocupados por co-productos”. Éstos se producen en el proceso para lograr biocombustibles y se aprovechan para alimentación de ganadería.

El estudio sí que detectó, sin embargo, una reducción de 9 millones de hectáreas de cultivos dedicados al alimento, pero apunta a causas diferentes de los biocombustibles. Detrás del abandono de suelos está la urbanización, la expansión de infraestructuras y empresas y el abandono de tierras. No se especifican, sin embargo, las causas de ese abandono.

Es interesante que se mida cómo se emplea el suelo, para qué y dónde. Y es interesante que se indique que la producción de biomasa es compatible con los cultivos agrarios. Estos análisis pueden dar una idea de cómo desarrolla sus sociedades el ser humano. Sin embargo, hay que moderar el optimismo del estudio. Seguimos viviendo en un mundo finito, donde los recursos naturales se agotan, y hay que preservar el medio ambiente. La pregunta verdaderamente importante que desprende este estudio es si estamos sobreexplotando el planeta por encima de su capacidad de regeneración, o no. De esta pregunta depende el futuro alimenticio de la mayor parte del planeta. Si son los biocombustibles los que deberán sustituir al petróleo, o lo harán otras energías renovables, es una cuestión secundaria.

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