Agua y luz solar, únicos ingredientes para crear combustible de hidrógeno

Científicos de la Universidad de colorado han logrado producir biocombustible de hidrógeno a partir de una técnica que combina únicamente agua y energía solar.

El método utilizado ha consistido en concentrar la luz del Sol en una torre solar, lo cuál aumenta su temperatura al nivel necesario para separar el hidrógeno y el oxígeno en las moléculas de agua.

Los científicos se han mostrado optimistas de lograr que este sistema tenga la capacidad de producir grandes cantidades de combustible de hidrógeno. Como resultado, se podría entrar en una economía de escala, que logra reducir buena parte de los costes, lo que repercute en la rentabilidad del producto.

hidrógeno

Foto: fdecomite (Flickr)

El combustible de hidrógeno, sin embargo, tiene dividida a la comunidad científica y ecologista. Algunos apelan a su limpieza y nula emisión de gases de efecto invernadero para que sea tomado en cuenta como sustituto de los combustibles fósiles. Por contra, las voces críticas consideran que la generalización de este combustible provocaría graves consecuencias en la vida humana.

Hay que tener en cuenta que la tecnología sólo es funcional con agua dulce, lo que supondría amenazar reservas de agua potable o apta para el riego. Esta circunstacia, avisan los detractores, produciría un aumento en el precio del agua en el consumo y, por efecto dominó, un encarecimiento de los productos alimentarios.

La falta de disponibilidad de algunas zonas acabaría volviéndose dramática y derivar en fuertes conflictos sociales: aumento de la pobreza, guerras y millones de desplazamientos.

Estas proyecciones son extrapolables al conocido estudio de la FAO sobre las dramáticas consecuencias de apostar por biocombustibles de primera generación, a saber, aquéllos que compiten con cultivos agrarios.

En aquella ocasión se puso el acento en que, por ejemplo, una tonelada de colza producía 400 litros de biocombustibles; pero a su vez, un quilo de colza necesitaba de 4 litros para su crecimiento. Es decir, que por cada litro de biocombustible se necesitaban 10 litros de agua.

El estudio sirvió para frenar la apuesta por los biocombustibles de primera generación hasta encontrar una solución al problema. En el transfondo había dos temas: disponibilidad de los alimentos y disponibilidad del agua.

Los biocombustibles basados en hidrógeno, obviamente, necesitan un empleo muy inferior de agua para lograr los mismos resultados, pero seguirían afectando, aunque más lentamente a la disponibilidad de agua para los ciudadanos.

Volviendo al desarrollo tecnológico de la Universidad de Colorado, hay que señalar que no es la primera torre solar que se emplea para calentar agua y obtener biogás. La novedad se centra en el empleo de nuevos espejos que consiguen las altas temperaturas requeridas (aproximadamente 500ºC) en menor tiempo. Esta temperatura produce vapor que impulsa una turbina que a su vez genera electricidad, y el hidrógeno a su vez es recogido en forma de gas.

Estos avances han logrado que el sistema de producción sea más estable y menos costoso que los actuales que ya funcionan, pero seguirán necesitando algunos años antes de poder trasladar esta tecnología al mercado.

Habrá que aclarar durante ese período si el hidrógeno es una alternativa deseable a los combustibles fósiles o es el disfraz de un nuevo y temible apocalipsis.

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