Los sistemas de energía renovable portables presentan candidatura

Los sistemas de producción de energía renovable portables tienen ante sí un enorme desafío: liderar el mercado de energía en todos sus ámbitos.

En la actualidad, las energías solar y eólica y la biomasa son las fuentes renovables con más posibilidades de ganar impulso a través de los laboratorios de I+D. No puede considerarse ciencia ficción la aplicación de estos sistemas en aparatos de bajo consumo o con el tamaño suficiente como para incorporar un pequeño motor que funcione con biomasa o biocombustibles.

Los laboratorios de I+D de medio mundo están en una carrera por mejorar la eficiencia de estos sistemas de generación de energía renovable. Su objetivo no es sólo mejorar la productividad de la materia prima, sino que los sistemas que aprovechan la biomasa sean cada vez más pequeños, más ligeros y tengan un menor impacto medioambiental y económico.

En la actualidad, ya se encuentran sistemas portables, construidos, que sólo necesitan una base de hormigón para sujetarse, lo que simplifica su montaje. En el caso que se quisiera transportar la caldera, el desmontaje, transporte y reinstalación es también simple, lo que abre una puerta mercantil: la segunda mano. Esto para el cliente supone recuperar parte de la inversión realizada en su momento, lo que aumenta el atractivo de estos sistemas.

Hasta hace pocos años, las calderas de biomasa eran más bien gigantes. El asunto del espacio ha sido siempre un problema, ya que estas plantas de hasta 20 metros no encajan en todos los sitios, y desde luego, la ordenación urbana no tiene en cuenta esta posibilidad a la hora de planificar las ciudades del futuro.

Por ello, se empiezan a construir sistemas de 6 metros de altura, lo que permite su instalación en muchos más lugares, y se epera que cada vez sean más pequeños. El desarrollo corre por ahí, tanto para el biogás, como los biocombustibles, como los pellets y otras formas de biomasa seca.

Éste, sin embargo, no es el único mercado abierto, ni por cubrir. Hablamos de aprovechamiento de la biomasa con fines domésticos e industriales, pero aún queda por seducir al gran objetivo: el individuo.

En este caso, es difícil imaginar que una persona, en su día a día, pueda contar con aplicaciones basadas en biomasa, pero es posible al menos imaginárselo. Reciéntemente contábamos el desarrollo de una batería que funcionaba con biomasa, y que podría ser utilizada para nutrir eléctricamente a las estaciones eólicas. ¿Por qué no buscarle otras aplicaciones en el transporte urbano, en la informática y en otros sectores?

Sin acercarnos tanto a la utopía, encontramos pequeñas aplicaciones basadas en energías renovables. Estamos hablando, por ejemplo, de calculadoras, relojes, hornos, y otros basados en energía solar. En definitiva, aparatos de muy bajo consumo que pueden aprovechar pequeñas placas solares integradas en el mismo sistema para que puedan funcionar a la perfección.

La energía eólica, por otra parte, se aplica en otros sectores. Por ejemplo, para dotar de energía a un vehículo con capacidad de vuelo. La instalación de pequeñas turbinas en el sistema se veían movidas por la velocidad e inercia del vehículo en movimiento. Aprovechar su propia actividad (el consumo de energía) para recuperar parte de ella mediante la generación de energía renovable podría ser una idea fácil de trasladar a los turismos y al transporte urbano público.

Hasta ahora, sin embargo, la barrera de la fantasía y la realidad, de lo deseado y lo factible, sigue siendo borrosa. No en términos optimistas. Es cierto que los mismos laboratorios de I+D están publicando muy regularmente avances significativos que afectan a la producción, al almacenamiento, transporte y eficiencia energética, pero los expertos bien conocen las trabas y dificultades de mantener este impulso.

No se trata sólo de tener una idea, sino de encontrar los conocimientos, a los investigadores, a los financieros (tanto públicos como privados, que confíen en el proyecto) y a quien te oriente en cómo transportar eso al mercado. Porque al final, una innovación no la decide el inventor, sino el consumidor final.

De nada sirve construir herramientas especiales o aparatos fabulosos si el consumidor solar lo rechaza, no sabe encontrarle utilidad o no los necesita. Es un tema delicado o complejo, y manda la practicidad. ¿Qué prefiere, por tanto, la ciudadanía, y en qué medida?

Por no hablar de las barreras tecnológicas y científicas. No todo lo imaginado puede hacerse real. Julio Verne nos llevó a las profundidades del mar, sobre los cielos y al centro de la tierra. Dos se consiguieron. El tercero no. Las renovables se encuentran ante ese punto emocionante. Cuanto más pequeños y portables sean los sistemas desarrollados, mayor será su penetración en el mercado. Al menos, a priori.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: