Nuevo método convierte CO2 en metanol

Un equipo de investigadores de la Université Laval ha ideado un método que convierte el CO2 en metanol, compuesto que se utiliza en la producción de gasolina y biocombustibles.

El nuvo método duplica la eficiencia del mejor catalizador conocido hasta el momento, gracias a que para la reacción se ha empleado un compuesto llamado hydroborane (BH3) que produce pocos residuos y no daña al catalizador, otro aspecto que mejora a sus predecesores. El inconveniente, sin embargo, estriba en el alto precio de mercado, que no resulta ser competitivo, por lo que la puerta abierta por el equipo de Fontaine debe servir para desarrollar el método y conseguir una relación adecuada entre eficiencia y precio y pueda ser aplicada al mercado mayorista.

A pesar de la restricción económica, este hallazgo supone un avance importante en la lucha contra el cambio climático y en la apuesta por la utilización de carburantes más limpios. Aunque no sea el único compuesto emitido, la emisión de CO2 a la atmósfera es uno de los principales responsables del efecto invernadero. De hecho, los niveles alcanzaron un máximo de 450 partes por millón esta primavera, lo que supone una preocupación. Este método podría ayudar a largo plazo en el proceso para reducir las cantidades de CO2 en la atmósfera.

El profesor Frédéric-Georges Fontaine ha estado a la cabeza del equipo investigador de la Université Laval que durante años ha perseguido un método eficiente para convertir el CO2 en metanol, a través de un sólo paso. Así que se convierte en el primer investigador del campo en lograrlo; otros aún están desarrollando sus propias investigaciones. Fontaine reconoció que, como él, otros químicos estaban buscando un proceso catalizador que produjera una reacción opuesta a la de la combustión de metanol, que produce CO2 y agua en presencia de oxígeno. El método descubierto “permitiría reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la síntesis de un combustible que reduzca nuestra dependencia de los combustibles fósiles”, según un optimista Fontaine.

Cierto que Europa está interesada -aunque titubee en sus políticas, posiblemente presionada por las lobbies eléctricas tradicionales- en reducir su dependencia energética de los combustibles fósiles, lo que se traduce a su vez en independencia política, tanto de empresas en el rango “two big too play”, como de países exportadores de barriles de brent, que presionan para aumentar el precio de sus mercancías siempre que les es posible. En este panorama, los biocombustibles tienen un papel trascendente.

El catalizador desarrollado por Fontaine et al se compone de dos grupos químicos diferentes: borano y fosfina; compuestos de boro y fósforo, respectivamente, con carbono e hidrógeno. Fontaine explica que la novedad estriba en que “para convertir el CO2 en metanol no empleamos metal, lo que reduce los costos y riesgos de toxicidad del catalizador”.

Una reducción de costos con la que no están conformes. El profesor Fontaine reconoció que están desarrollando otros métodos para lograr que el proceso sea más rentable, “mediante la optimización de la reacción y la exploración de otras fuentes de hidrógeno”, en pos de alcanzar un precio competitivo en el mercado y reforzar la importancia de los biocombustibles.

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