El futuro mundial de la energía solar

El programa espacial Apolo pretende sustituir las costosas baterías de alimentación de luces en carretera por células solares, con lo que eliminaría la necesidad de construcción de líneas de distribución eléctrica.

Este proyecto confirma la sorprendente evolución de la energía solar a lo largo de los años, desde que en 1974 empezara a ser impulsada en Estados Unidos, con el objetivo de reducir la dependencia energética, y entonces con altos costes de producción que no la hacían competitiva. Sin embargo, la confianza en el desarrollo y la innovación le han abierto un futuro prometedor.

A finales de 2010, la capacidad solar instalada sólo en los EE.UU. superó los 2,5 gigavatios (suficiente para abastecer a 400.000 hogares) y la capacidad global fue de más de 40 gigavatios, lo que suponía abastecer a 8 millones de hogares. En esta fecha, la producción anual módulo solar superó 30 GW en todo el mundo.

Este aumento en la producción ha permitido entrar en las economías de escala -no siempre- a la energía solar, lo que ha facilitado su reducción de costes. Los resultados señalan descensos en los costes de la energía solar que oscilan entre un 58% y un 10% anual desde 2006, lo que la ha puesto en el borde de ser competitiva, incluso sin incentivos estatales, con la electricidad convencional.

Tan diferente a la situación de 1974, donde los costos energéticos eran 100 veces superiores a la electricidad generada por vías tradicionales, comparando los precios de electricidad al pormenor.

En el nuevo panorama, la energía solar se enfrenta e nuevos retos en el mundo. La paridad de red solar tiene unos efectos imprevistos sobre la política. No sólo son motivos económicos los que impulsan a la energía solar a su auge. Su mayor limpieza y la reducción de la dependencia energética de un país frente a los productores de petróleo y derivados inaugura un nuevo panorama político mundial.

En la actualidad, la red solar no puede considerarse que haya penetrado consistentemente en ningún país. En España no alcanza el 3% de la generación de electricidad total (datos de 2012) y en Estados Unidos se sitú aal rededor del 0,1%.

Sin embargo, con su potencial en la mano, prometiendo energía limpia, barata, autosuficiente y precisando para su desarrollo la creación de un sinfín de puestos de empleo, la energía solar podría estar en los albores de una revolución energética.

Tampoco hay que caer en un optimismo exagerado. Esta oportunidad amenaza directamente al negocio de un buen grupo de gigantes en la energía, que tienen sus propios ases bajo la manga, gracias a las relaciones de poder que han mantenido durante las últimas décadas. En España es de conocimiento público que ciertas empresas cuentan en sus filas de directivos con antiguos ministros e, incluso, presidentes del gobierno.

Habría que analizar, en este escenario, si existe correlación entre la diferencia de actitud de las diferentes administraciones españolas. Son muchas las variables que hay que analizar antes de concluir que aquéllas que no están gestionadas por ninguno de los dos partidos de turno el impulso de las renovables es más firme y consistente.

El autoconsumo solar es otro de los puntos calientes a tratar. Si se implantara, esto significaría sacarle las riendas a las energéticas. Consecuencias: una radical transformación en las infraestructuras y, a priori, que la red eléctrica no estuviera centralizada. Fin a los oligopolios. Cualquier persona aportaría su grano de arena a la red eléctrica y las administraciones y empresas podrían convertir los excedentes en un negocio internacional.

También el concepto de seguridad de la energía solar está a punto de cambiar. Los vehículos eléctricos empiezan a aparecer en la vía pública, con soluciones puntuales que salpican la geografía europea y que se cierran en la mayoría de los casos con éxitos sólidos. Será necesaria una adaptación, lo que está por ver es el grado, intensidad y rapidez de los cambios.

Un punto más delicado es el correspondiente a los incentivos solares para el diseño de la red solar. Una mala planificación puede provocar que los ciudadanos soporten sobre sus espaldas el peso de impuestos incluso durante décadas. Así que el objetivo debe ser sustituir éstos por la garantía de competitividad del sector solar. Una vez éste lo alcance en plenas facultades, podrán desplazarse las inversiones públicas a otros sectores, como el de la innovación, ya que estaríamos hablando de un servicio clave estratégico en las políticas internacionales. Europa no tiene tanto la batalla en la producción energética como en la lucha por la calidad tecnológica. Ser líderes mundiales en innovación implicaría que los productores -especialmente los más potentes- dependieran de esa misma tecnología.

Lo que parece evidente es el rumbo que escogerán las administraciones, más temprano que tarde, si son inteligentes. Una, apostar por la transición a una energía renovable, competitiva y limpia, como es la solar. Otra, hacia la reducción constante de costes de producción. Tres, a convertirse en líderes en innovación tecnológica. Cuatro, hacia el autoconsumo: las administraciones se liberarían de los lobbies que maniatan la sobiranía nacional.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: