La Universidad Politécnica de Madrid mejoran la producción de bioenergía en plantas.

Una investigación da con la clave para acelerar el crecimiento de ramas en plantas, lo que incrementa el rendimiento en la producción de biomasa.

La investigación ha sido conducida por un equipo investigador del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) de la Universidad Politécnica de Madrid, que ha modificado el gen responsable en especies leñosas para que el árbol genere ramas en ciclos acelerados, sin que esto afecte a las características del crecimiento, ni a la composición o anatomía de la madera.

Esta solución mejora el tratamiento de la biomasa y la empuja a aumentar la importancia de su papel como fuente de electricidad. El desafío apartece a nivel global y mejorar estos aspectos ofrece varias ventajas, a saber, que el impacto del hombre sobre la biomasa del planeta sea el menor posible. En definitiva, se persigue el mayor respeto con el medio ambiente.

Además, la generación neutra de co2 al ambiente permite combatir el cambio climático. Numerosos estudios señalan que obtener bioenergía a partir de plantas puede mitigar los efectos del calentamiento global, además de aportar seguridad energética.

Las plantas transgénicas se convierten en una opción preferente dentro de los cultivos energéticos, ya que mejoran el rendimiento productivo y económico. Algunas estimaciones sitúan que la biomasa podría proporcionar el 50% de las necesidades de energía primaria en el mundo, en 2050. Esta situación debe ir acompañada de otras soluciones energéticas y respetuosas con el medio ambiente.

En esta investigación se partió del hecho que las yemas laterales de la mayoría de las especies lignocelulósicas de zonas templadas detienen su crecimiento durante la temporada en la que se forman. Esta hibernación no es universal. Por ejemplo, algunos brotes del álamo (y muchas especies tropicales), sí que crecen durante el invierno, sin un período de descanso. Esta ramificación siléptica logra aumentar el número de ramas, el área foliar y en general el propio crecimiento del árbol.

El gen modificado para que especies distintas se comporten de la misma forma que el álamo es el RAV1, que es el responsable de aumentar el grado de desarrollo de ramas silépticas en especies leñosas. Este mecanismo puede mejorar que los cultivos energéticos produzcan mayor cantidad de biomasa.

Esta solución biotecnológica también se aplica a plantas perennes. El mercado actual agradecerá esta contribución, en el sentido que la biomasa como fuente de energía limpia y sostenible es ampliamente reconocido.

En Estados Unidos, la industria de biomasa reduce las emisiones de carbono en más de 30 millones de toneladas por año, lo que tiene un impacto positivo contra el cambio climático que produce el calentamiento global.

El control es necesario, sin embargo, para que la biomasa tenga efectos óptimos sobre el medio ambiente. Hay que controlar de manera integral los recursos naturales, a saber, tierra y agua, para que la bioenergía no se convierta en un problema de abastecimiento alimentario o acuífero, ni produzca efectos sociales traumáticos. Hay que reconocer que malas gestiones han producido que, por ejemplo en Brasil, numerosa población se vea desplazada de sus tierras y obligadas a vivir en condiciones precarias en los suburbios de las ciudades, vida para la que nadie les ha preparado. Tal fue el efecto de producir aceite da palma sin atender a todas las circunstancias de la zona.

La solución medioambiental de la biomasa también debe ser, sin lugar a dudas, social, y para ello son decisivas las decisiones políticas y empresariales.

En el presente, los cultivos energéticos operan en el 0,19% de la superficie total del mundo, y menos del 1,7% del terreno agrícola mundial. Algunas estimaciones calculan que mejorar en un 10% la eficiencia de producción de biomasa crearía energía equivalente a la demanda actual global de energía. Esto supondría, además, que los cultivos energéticos de biomasa podrían convivir en armonía con los cultivos agrarios tradicionales.

Éste es el impacto que pretende conseguir -aunque no sea un hallazgo tan revolucionario- la biotecnología aplicada a la biomasa y soluciones como las desarrolladas por la Universidad Politécnica de Madrid y que ha sido bautizada como Branchbiotech.

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