Cultivos energéticos en zonas fértiles

La selección de cultivos energéticos depende en buena medida del tipo y riqueza del suelo, además del clima. Los cultivos de tallo alto presentan mejores rendimientos en las zonas fértiles, que deben ser gestionadas adecuadamente para que no pierdan su riqueza.

Es comprensible que existan estudios para medir la eficiencia y rentabilidad de los cultivos energéticos. Extrañaría lo contrario. En este caso, hay estudios que demuestran que para el agricultor es beneficioso disponer de una segunda salida a sus cultivos agrarios, ya que no depende tanto del precio que fija para su producción el oligopolio alimenticio. También cabe considerar en zonas fértiles el cultivo de árboles forestales perennes como solución beneficiosa para los suelos. Lo mismo para la plantación de arbustos, donde encontramos a la nicotiana glauca.

Los cultivos perennes se mencionan a menudo como opciones más viables para proporcionar beneficios ambientales y costes menores en la producción de biomasa. Dejando a un lado la nicotiana glauca, el sorgo, el maíz y los pastos anuales de invierno han demostrado cargar con altos costes, lo que los limita a zonas donde los suelos sean mejores y las condiciones climáticas temperadas. No es de extrañar que, en esta tesitura, el sorgo aparezca en algunas zonas de África y en América, pero aparezca muy poco en Europa, con un clima generalmente más frío.

En estos casos es fundamental introducir rotaciones. La materia orgánica aumenta con el empleo de esta antigua técnica en tierras semiáridas. Si los terrenos son más fértiles, aparece una segunda ventaja, que después de 10 años con pastos perennes o arbustos se requieren menos fertilizantes.

Volviendo hacia la nicotiana glauca, sus propiedades son muy interesantes. Debido a que contiene anabasina es considerada un insecticida y herbicida natural. Los animales se cuidan de no comerla, lo que también es un freno contra plagas de insectos y algunos roedores y mamíferos. Las propiedades de la nicotiana glauca como insecticida natural reduce las necesidades de aplicarle químicos para defenderla y, por tanto, costes.

Además, respeta bastante los suelos, por lo que es una opción interesante en zonas tanto semiáridas como fértiles.

En esta tesitura, cuando un gobierno se ha marcado como objetivo reberdecer sus tierras, se ha apostado siempre por diversificar los riegos. En zonas áridas y semiáridas, los cultivos energéticos suponen una segunda vía interesante. En zonas fértiles, se requieren cultivos lignocelulósicos que produzcan biomasa seca. Es el caso de la nicotiana glauca.

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