Cultivos energéticos y alimentarios

En los albores de la producción de cultivos para obtención de biocombustibles se hizo muy extendido un estudio que indicava que los cultivos energéticos podían producir aumento en el precio de los alimentos y sequía.

El agua y el acceso a los alimentos se consideró, afortunadamente, prioritario, por lo que se detuvieron multitud de proyectos basados en producir biomasa para la producción de biocombustibles. Desde entonces, se investigó y se tomaron decisiones con criterio para sobrepasar este delicado obstáculo.

La aparición de cultivos energéticos de segunda generación ha cambiado el panorama. También lo han logrado avances genéticos que han logrado plantas más resistentes a las sequías, más respetuosas con los suelos y con el mismo poder calórico.

Además, la elección de cultivos que no compitan con los cultivos agrarios ha permitido un cambio en el panorama económico. Tanto que un estudio reciente indicó que para los agricultores puede ser un alivio producir cultivos que tengan un doble uso, energético y alimentario. Los precios agrarios pueden seguir siendo bajos y el producto excedente ser utilizado con fines energéticos.

Los retos ahora son, por supuesto, otros. También es necesaria la vigilancia de la sociedad para comprobar que la producción de biocombustibles es respetuosa con el medio ambiente. No cabe elegir, sino compaginar.

La biodiversidad también se contempla en los cultivos energéticos. Ya desde el principio, se clasifica en dos, secos y líquidos. El límite lo marca el 60% de humedad en la biomasa. Para los biocombustibles se usan especies ricas en carbohidratos y con los secos se usan cultivos lignocelulósicos. Es decir, ricos en lignina y celulosa.

Aunque la palabra caiga antipática en estos tiempos, siguen siendo necesarias políticas sensatas para el desarrollo de cultivos energéticos. Reducir la adicción de Europa a los combustibles tradicionales es fundamental. La sensatez, también.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: