Cultivos energéticos en tierras áridas, la mejor elección

La elección de los cultivos energéticos es esencial dependiendo del tipo de tierra que estemos manejando. Cuando hay poca lluvia o los terrenos no son muy ricos, es necesario primar los bajos costos sobre la cantidad de producción.

En otras palabras, se precisan cultivos energéticos que puedan producir biomasa con poca agua y que sean fáciles de rotar, para no agotar la riqueza de las tierras. Algunos estudios están analizando, entre otras, el eucalipto, el álamo, el bambú, la nicotiana glauca o el sauce para introducirlo en tierras áridas.

En cuanto a la planta de cultivos energéticos en zonas áridas, se está comprobando la adaptabilidad de algunas especies fuera de su hábitat. Un caso es el Miscanthus, una hierba tropical que se cultiva en zonas del norte de Europa y América. Lo mismo sucede con la nicotiana glauca, de origen sudamericano pero naturalizada en Europa. En el caso de España, está considerada apta para el cultivo energético de manera oficial, y no entra en ninguna de las listas estatales de plantas invasivas. Italia, Francia y Portugal siguen el mismo ejemplo.

Estos casos indican la sensibilidad para respetar los recursos naturales y al mismo tiempo obtener energía. Si tenemos en cuenta los costos en España, una hectárea precisa de una inversión de 2.200 euros anuales. De ellos, 1.000 euros se destinan al riego y 1.200 al alquiler.

Ante esta situación cabe plantearse si apostar por un alto rendimiento o uno menor. En el caso de España, el grado de aridez no es tan importante, por lo que merece la pena apostar por un cultivo energético que produzca biomasa lignocelulósica, de alto rendimiento, y tal es el caso del eucalipto, el sauce y la nicotiana glauca, por citar tres ejemplos.

Sin embargo, en las zonas más áridas podría ser interesante probar con cultivos que produjeran menos biomasa. ¿Por qué? Porque los costos asociados a estos productos son sensiblemente menores pero que podrían alcanzar una eficiencia mayor y a la vez, rentabilidad. Hay que tener en cuenta que hay que manejar variables como la rotación de los cultivos y la superficie mínima que cada planta necesita para desarrollarse.

Buenos ejemplos de ello nos lo dan la caña común y el miscanthus, ambos probados en tierras áridas y semiáridas. Los promedios de producción han sido aceptables y el segundo ha demostrado ser tolerante a las heladas. Se procede, cuando el rendimiento baja, a eliminar el cultivo de las tierras. A pesar de los costes adicionales, sigue siendo rentable.

Por último, hay que considerar que los cultivos energéticos pueden suponer una piedra de cambio en el esfuerzo por combatir el cambio climático. Especies como la nicotiana glauca pueden ser cultivadas y procesadas para obtener biomasa, y ésta ser usada como fuente de energía. La sustitución del carbón y la transformación del negocio energético hacia otros productos parece inevitable, tanto como respetar criterios medioambientales. Es decir, que con el cultivo de biomasa viene implícito un estilo de gestión empresarial. Temas como la conservación ambiental y la desertificación están en el fondo de esta necesidad.

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